jueves, 1 de enero de 2015

RAY BRADBURY, GUIONISTA

Ray Bradbury y Moby Dick: 
La historia de un desencuentro
De izquierda a derecha: John Huston y Ray Bradbury en Dublín revisando el desarrollo del guión escrito por Bradbury.
     La segunda etapa literaria de Ray Bradbury estuvo marcada por la poesía, por alguna que otra incursión en el teatro y, sobre todo, por el cine y la televisión, medios en los que pudo ejercer sus dotes como ingenioso guionista. Y sería Moby Dick, dirigida y filmada íntegramente en Irlanda entre 1955 y 1956 por John Huston, la obra que introduciría a Bradbury en el complejo escenario de la creación fílmica. A Bradbury, para quien el cine tenía la misma importancia intelectiva y cultural que el libro –prueba de ello son las nueve películas semanales que llegaría a ver nada más mudarse con su familia a Los Angeles en 1934– se le brinda la oportunidad de experimentar como creador con un ente y método familiar al mismo tiempo que nuevo. La llamada que recibe de John Huston un 15 de agosto de 1953 encargándole el guión para su nueva película lo deja atónito. 
     Bradbury, que desde niño viene devorando poemas, novelas y cómics en la biblioteca de su «Green Town» natal (Waukegan), convirtiendo la literatura en un deporte mental, afición espiritual y droga emocional, paradójicamente se le había escapado Herman Melville, el gran explorador metafísico del alma humana, y, por ende, su novela Moby Dick, con toda la fuerte simbología de la psique humana que representa la protagonista central de la novela, la ballena blanca. El sonado éxito de Las crónicas marcianas había deparado a Bradbury el reconocimiento y prestigio necesarios para que un nombre de la entidad de John Huston le confiase tamaño proyecto. Y Bradbury le confesó su desconocimiento de la obra literaria en cuestión –sin olvidarnos de que Herman Melville había permanecido en un generalizado injusto olvido literario hasta bien entrada la primera mitad del siglo XX—, algo que no disuadió en absoluto a John Huston de su empeño. De este modo, Bradbury se ve obligado a leer la novela, que le parece todo un descubrimiento "espiritual", una hermosa historia de amor y confluencias literarias en lo que respecta a la fuerte relación entre Shakespeare y Melville que Bradbury advierte en la novela. 
     Con el tiempo, Melville y la Ballena blanca se convertirán en todo un leitmotiv de su creación poética, apartado digno de nuestro interés y al que dedicaremos una futura entrada. Así, tras leer de corrido la novela, Bradbury, con su esposa y sus dos hijas pequeñas, se embarcan con destino a Irlanda en septiembre de 1953. Los seis meses que Bradbury pasa en Irlanda no será un camino de rosas, sino más bien todo lo contrario, un auténtico purgatorio donde Bradbury entra en una profunda depresión provocada por dos factores: el horrible clima de Irlanda y la decepción que le provoca el modus operandi de John Huston. Lo que al principio había sido una amistad y admiración recíproca se acabará convirtiendo en una eterna enemistad y hostilidad que acabaría en los tribunales, cuando tras el estreno de la película aparece el nombre de John Huston como coautor de un guión que únicamente había escrito Ray Bradbury, durante seis meses de frenético trabajo de lunes a domingo. Curiosamente,  las copias y ediciones del guión que se pueden encontrar en librerías, bibliotecas y hemerotecas especializadas llevan únicamente la firma de Ray Bradbury. 
Bradbury, tras conocer de primera mano el funcionamiento y los métodos empleados en la producción cinematográfica por John Huston y su enorme y elaborado equipo de colaboradores, llega a deslegitimar en público y por escrito la autoría, no sólo de este guión, sino de la mayoría de los guiones de las películas firmadas por John Huston, a quien acaba considerando un impostor, además de déspota y tirano en el trato con sus subordinados. Bradbury no tardaría en dejar atrás el resentimiento provocado por la amarga experiencia con John Huston y la crisis nerviosa contagiada por el clima irlandés, pero las memorias y experiencias vividas volverían a reflotar casi cuarenta años después con la publicación de sus memorias irlandesas noveladas en el título Green Shadows, White Whale, de 1992, donde ya no se advierte la acritud inicial ni la personificación del problema, sino la aceptación y superación de un desencuentro humano y geográfico del que daremos habida cuenta en la siguiente entrada de nuestro blog. 

Nota Bene: Para una información más detallada y exhaustiva sobre la polémica surgida entre Ray Bradbury y John Huston véase la Introducción de:

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