viernes, 11 de abril de 2014

Ray Bradbury contra la política literaria del best seller

RAY BRADBURY CONTRA LA POLÍTICA LITERARIA DEL BEST SELLER


Ray Bradbury, como escritor, poeta y fabulador creado a sí mismo, guiado únicamente por la inconmensurable fuerza de su inagotable imaginación y formado por los autores y los títulos que hicieron de su infancia y adolescencia un lugar donde gestar su futura, prolífica y singular estética literaria, siempre estuvo en contra de acatar los títulos y los nombres propuestos por el mercado editorial, por considerarlo a este totalmente adulterado en su sometimiento a la política del best seller.   Y qué mejor modo de reflejar su desencanto con esta decepcionante realidad que criticando, con lacerantes y sarcásticos versos, el dulce desfile en procesión del mercado editorial por los podridos y perdidos palcos del best seller allá por la lejana década de los 70 del pasado siglo. Si bien nuestro autor presenciara atónito y molesto el glorioso desfile de granujas, ineptos, tullidos, trepas, politicuchos, cantarines, chupapiedras, lagartos y toda la creciente e impresentable fauna de asesinos, violadores y criminales de la literatura de su tiempo, a día de hoy estos han sido reemplazados con creces por legiones mucho más poderosas extendidas por todos los confines del planeta, que posiblemente en unas décadas también veamos desfilar en Marte. No nos extendamos más, he aquí unos de estos versos de su poema «Long Thoughts on Best-Sellers by Worst People» («Buena reflexión sobre los éxitos editoriales de la peor gente»),  incluido en su poemario Where Robot Mice and Robot Men Run Round in Robot Towns (Donde los ratones robot y los hombres robot circulan por ciudades robot) en 1977:

  BUENA REFLEXIÓN SOBRE LOS ÉXITOS EDITORIALES DE LA PEOR GENTE

¡Ay!, a los malos que yo he hundido, les está yendo muy bien,
y los pelmas que yo he vencido ya han aprendido otras formas de escribir;
pues el alfabeto de las lápidas, una vez que se aprende, te puede liberar,
así estos pésimos escritores de antilibros ahora salen a chismorrear durante el té.
He aquí los Fascistas y los Rojos, los fontaneros de Richard en un clan,
todos los asesinos de rehenes de la alta sociedad que siempre asustan al hombre,
repican sus campanas muertas, gritan por dinero todas las noches en mi pradera,
después de todo mi tiempo invertido para reasegurarme de que se han ido.
Pues desde el Infierno, donde yo los había enviado ahora los babosos demonios regresan
en humeantes lluvias de fuego donde arden temibles Savonarolas,
[...]

Por ahora ya es suficiente, dejémoslos aquí. A todos aquellos que quieran conocer, al completo, la lista de esperpentos, criminales (algunos de verdad), pedigüeños, y demás violadores de la palabra escrita  que Bradbury denuncia en el poema, están invitados a leerlo entero en Ray Bradbury, poesía completa (en inglés y en español).


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