miércoles, 17 de agosto de 2016

EL RUIDO DE UN TRUENO: DE VIAJE EN EL TIEMPO PASADO

Portada de la edición de la revista donde se publicó por vez primera "The Sound of Thunder" (28 de junio de 1952)

¡QUÉ maravilla volver a estos mundos fantásticos de Bradbury! El relato que hoy nos ocupa ya había sido publicado en la Revista Collier's Weekly, un 28 de junio de 1952. Posteriormente, sería incluido en diversas colecciones de relato corto, siendo la más destacada la primera edición con otros relatos bajo el título R is for Rocket, publicado por Doubleday en Nueva York, en 1962. Esta colección de relatos cortos, R is for Rocket, que comprende diecisiete célebres relatos de nuestro mágico y ungido autor, aunque tiene como espíritu central de la colección el cuento que le da nombre, "R is for Rocket" ("El cohete", en español), la que nos ocupa en nuestra entrada de hoy, "El sonido de un trueno", es la séptima de las historias de la misma. El relato narra la aventura de un grupo de ricos cazadores de safari en una máquina del tiempo que les lleva sesenta millones de años atrás, en el pasado prehistórico. La máquina del tiempo difiere de la de H. G. Wells, y a diferencia del viaje al futuro del protagonista de la novela de Wells, los tripulantes de la máquina que inventa Bradbury viajan al pasado. Lo importante es que en ambas novelas se viaja en el tiempo; pero la historia que nos trae Bradbury es infinitamente más intensa, trepidante y surrealista, cargada de imágenes oníricas con un sugerente lenguaje poético.  Es evidente que el tema central versa sobre el concepto del "efecto mariposa", basado en la teoría física del caos, muy común entre escritores de ciencia ficción y literatura fantástica de la segunda mitad del pasado siglo. Y la clave del relato está precisamente en ese mismo "ruido de un trueno", que no es sino el rugido o bramido del Tyrannosaurus Rex que aparece ante la tripulación poco tiempo después de bajarse de la máquina del tiempo. Ese «ruido del trueno» es una metáfora del ruido del dinosaurio y del hombre frente a frente, del ruido de la vida y de la muerte frente a frente cuando el dinosaurio es abatido por los rifles de estos cruentos viajeros  del tiempo. Pero estos ricos expedicionarios no regresan al mismo tiempo presente que abandonaron, pues la dimensión del tiempo ha cambiado, y se encuentran ante un nuevo mundo, tremendamente diferente y alterado por la aparentemente inofensiva muerte de una mariposa prehistórica. Moraleja, tan grave es matar un gigantesco y monstruoso dinosaurio como una inofensiva y diminuta mariposa. La vida es un inagotable tesoro, sin precio e intocable.  

Primeras páginas del cuento, en la revista Collier's


Interesantes fuentes de internet:


viernes, 22 de abril de 2016

RAY BRADBURY:
"A POEM WRITTEN ON LEARNING THAT SHAKESPEARE AND CERVANTES BOTH DIED ON THE SAME DAY"
Great Shakespeare lost, Cervantes gone 
The sun at noon goes down. The dawn 
Refuses light. Time holds its breath
At this coincidence of death
Then can it be? and is it so
That these twin gods to darkness go
All in a 
day! and none to stop
The harvesting of this fell crop
Each in its field, and each so bright
They, burning, hurled away the night.
Yet night returns to seize its due,
One Spirit Spout? No! Death takes two.
First one. The world goes wry from lack 

Then two! tips world to balance back.
Two Comet strikes within a week,
First Spain, the dumbstruck England’s cheek. 

The world grinds mute in dreads and fears 
Antarctica melts down to tears,
And Caesars ghosts erupted, rise
All bleeding Amazons from eyes,
An age has ended, yet must stay
As witness to a brutal day
When witless God left us alone
By deathing Will, then Spanish clone.
Who dares to try and gauge each pen
We shall not see such twins again. 

Shakespeare is lost, Cervantes dead?
The conduits of God are bled 


And gone the Light, and shut the clay
Two Titans gone within a day,
Two felled by one sure stroke of death,
Christ gapes his wounds, God stops his breath. 

And we are staggered by twin falls
The vastness of the day appalls
As if a tribunal of Kings
From Caesars down to our Royal Things,
A pageant of rich royalty
Were drowned in Time’s obscenity.
Who ordered thus: «Two giants — die.» 

First one and then our other eye
God shut the great, then greatest dream 

One not enough? No, it would seem
A void half full if Shakespeare, done
Went down to doom at sunset’s gun.
So then lamenting, then with laugh,
God seized and filled the other half. 

Cervantes pulled across the sill
To heart of Comet brim and fill.
God sent both forth, twin stars whose fire 

Birthed whales and beauteous beasts for hire 
And long years since we beg for rides
Where Cervantes plus Shakespeare hides 

Their fall? knocked echoes round the Stage 
And still we reckon our outrage
Because where is the sense in this
Our left hand and our right we miss
Which clapped together made applause
For God and Primal Cosmic Cause.
But Cervantes and Bard strewn cold
Two wild Dreams in one dumb soil mold?

Let all the echoes flow in tides
Where comets are their flowering brides 

And Cervantes and bawdy Will 

Do windmill fight our hopes uphill
And rouse us up in nightmare bed
To cry: Quixote, Hamlet, dead?
In one fell day? Get off! Get. Go!
Such funerals I will not know.
Their graves, their stones, these I refuse. 

Lend me their books, show me their Muse. 
By end of day or, latest, week,
I bid Cervantes/Shakespeare speak
To brim my heart, to fill my head
With what? Good Don. Fine Lear. Not dead. Not dead! 


Bibliography
Ray Bradbury (2002): I live By The Invisible: New & Selected Poems. Clare: Salmon Poetry, pp. 13-15.


«POEMA ESCRITO AL SABER QUE SHAKESPEARE Y CERVANTES MURIERON EL MISMO DÍA» (RAY BRADBURY)
 
El gran Shakespeare desaparecido, Cervantes fallecido
y el sol que descinde al mediodía. El amanecer
rechaza la luz. El tiempo contiene el aliento
ante esta coincidencia de muerte
¿y puede ser?, ¡cómo puede ser
que estos dioses mellizos se marchen a la oscuridad
los dos el mismo día!, y que ninguno detenga
la siega de esta cruel cosecha
cada una en su campo, y cada una tan brillante,
ambas, ardiendo, alejaron la noche.
Aunque lanoche regresa para apropiarse de sus derechos,
¿A Liberar un Espíritu? ¡No! La Muerte se lleva dos.
Primero uno. El mundo anda desnivelado
¡pues dos! Y el mundo entonces se vuelve a equilibrar.
Dos choques de Cometas en na semana,
primero España, luego el boquiabierto rostro de Inglaterra.
El mundo se queda mudo de pánico y miedo,
la Antártida se derrite en lágrimas,
y los fantasmas de los Césares violentados surgen
como amazonas de ojos ensangrentados,
una edad ha concluido, aunque debe quedar
como testigo de un día brutal
en el que el absurdo Dios nos dejó solos
al dar muerte a Qilliam, y después al clon español.
¿Quién se atreve a intentar evaluar esas plumas?
Ya no volveremos a ver tales mellizos de nuevo.
Shakespeare ha desaparecido, ¿y Cervanes muert?
Los conductos de Dios están desangrados
y sin Luz, y terminado el barro,
pues dos Titanes se han ido en un solo día,
los dos derribados por un certero golpe de la muerte,
Cristo contempla con asombro sus heridas. Dios deja de respirar.
Y nosotros nos quedamos consternados por caídas mellizas,
la inmensidad del día horroriza
como si un tribunal de Reyes,
desde los Césares hasta nuestros Asuntos Reales,
un desfile de lujosa realeza
se ahogara en la obscenidad del Tiempo.
Alguien así lo ordenó: «Que mueran dos giganges».
primero un ojo y luego el otro,
Dios cerró el grande, ¿entonces el más grande sueño
no es bastante? No, parecería
un vacío meido lleno si Shakespeare, perdido
descendiera a la muerte justo alpistoletazo del ocaso.
Así pues lamentando, después riendo,
Dios cogió y llenó la otra mitad.
Cervantes avanzó por el umbral
para llenar y colmar el corazón del Cometa.
Dios los envió a los dos, estrellas gemelas cuyo fuego
alumbró ballenas y hermosas bestias de alquiler
y muchos años ya suspirando por los paseos
donde Cervantes más Shakespeare esconden
su caída. Ecos golpeteados por el Escenario
y aun así imaginamos nuestra atrocidad
porque donde se encuentra el sentido de esto
echamos de menos nuestra mano izquierda y derecha
que aplaudían juntas
a Dios y a la Primera Causa Cósmica.
Pero Cervantes y el Bardo helados
¿dos Sueños salvajes en un mudo molde de tierra?
Que todos los ecos fluyan con las mareas
donde los cometas sean sus novias florecientes
y Cervantes y el impúdico Will
disputen nuestras esperanzas cuesta arriba
y nos despierten del espantoso sueño
para gritar: «¿Quijote, Hamlet, muertos?
¿En un aciago día? ¡Déjalo!, venga. ¡Vamos!».
No veré tales funerales.
Sus tumbas, sus lápidas, las rechazo.
Prestadme sus libros, mostradme sus Musas.
Al final del día o, a más tardar, de la semana,
ruego a Cervantes/Shakespeare que hable
para colmar mi corazón, para llenar mi cabeza
¿de qué? Del Gran Don. Del buen Lear. No han muerto. ¡No han muerto!
23 de Abril de 1980


Referencia: Ray Bradbury, Poesía completa, Madrid, Cátedra, 2013, págs. 977-981 [Edición, Introducción y traducción de Jesús Isaías Gómez López]

miércoles, 23 de marzo de 2016



     He aquí uno de los Ray Bradbury más poéticos.  Something Wicked This Way Comes, publicada por Simon & Schuster en Nueva York, en 1962, es una composición de relatos donde el narrador captura el ambiente, la atmósfera y la brisa del comienzo del otoño y de las demás estaciones de la vida, tanto literalmente como metafóricamente.  La novela muestra el amor de Bradbury por la palabra, o por las palabras, en plural, con todos sus sentidos y en todas sus más diversas manifestaciones. Es así como Bradbury consigue crear un prolongado y sedimentado cuento sobre dos chicos de trece años durante los días de celebración del carnaval en su pueblo. Los dos están en el límite de la niñez y la madurez, deseosos de hacerse mayores, de llegar a ser alguien y de hacer algo importante en y con sus vidas. 
     El cambio se respira en el ambiente, en el viento que, procedente de la exuberante naturaleza del entorno, recorre el pueblo. Muchas cosas están a punto de acontecer y de transformar el pueblo y sus apacibles gentes. El barbero del pueblo enferma, y un cartel anuncia la llegada de un carnaval al pueblo. Los chicos salen a hurtadillas de sus dormitorios para verlo llegar, y con una mezcla de fascinación y miedo lo ven instalarse. El peligro se cierne sobre todos; pero ¿qué tipo de peligro?: ¿el peligro de madurar?; ¿el peligro del miedo?; ¿o el peligro del mal? El lenguaje es mágico y evocador, un homenaje a la metáfora: "Hubo un año en que Halloween llegó el 24 de octubre, tres horas después de la media noche ... Ambos tenían casi catorce, casi tembló en sus manos". 
     Los capítulos son breves, y en su brevedad bien podríamos creer estar leyendo poesía en estado puro. Los personajes, todos sin excepción, resumen y albergan la complejidad de la vida: "Jim permaneció como un corredor que acaba de llegar de una larga carrera, con la lengua fuera y las manos abiertas para recibir cualquier premio". Sorprende sobremanera que un libro publicado en 1962 siga aguantando el paso del tiempo con tal entereza. Los pensamientos sobre el sentido de la vida, la edad, el miedo o los miedos, siguen siendo vigentes hoy día. No es simplemente una colección de relatos de terror, tampoco lo que algunos denominan una "dark fantasy" ('fantasía oscura') es mucho más, una combinación perfecta de horror, misterio y fantasía,  ideal para incurables románticos de nuestro tiempo. 

lunes, 1 de febrero de 2016


El título de esta  obra, publicada en 1955, lo toma esta vez Ray Bradbury del célebre poema homónimo "I Sing the Body Electric", de Walt Whitman.Esta colección de relatos analiza las complejas relaciones entre padres e hijos. Ray Bradbury presenta el enfoque desde el paradigma de la ciencia ficción: ¿Sería posible que los niños fueran criados y educados por robots? Es posible que en un futuro más o menos próximo (más bien más que menos) así sea, "amén".  
Mi impresión es que, además de ser posible, nos guste o no -al margen de ser o no padres o madres-, es sólo cuestión de tiempo y al ritmo que avanza la ciencia y nuestra era digital, será sólo cuestión de una o dos décadas como mucho.      Conjeturas al margen, y volviendo a los relatos de Bradbury, en uno de los relatos de la novela, la madre de unos niños fallece y el padre se hace con los servicios de una abuela robot para reemplazar a la madre. ¿Qué pasa durante la historia y adónde nos lleva la conclusión? Esta será la misión del lector y lectora para que extraiga su propia opinión después de leer toda esta apasionante y trepidante selección de bellísimos, fantasiosos e imaginativos cuentos donde: una madre da a luz a una misteriosa pirámide azul; un hombre puede hacer resucitar y traer de la tumba al mismísimo Abraham Lincoln; un viejo loro, tras mucho entrenamiento y aprendizaje, es capaz de imitar la voz de Ernest Hemingway; un cura de Marte se enfrenta a su gran sueño: el encuentro con el Mesías; y otras tantas seguramente tan delectables para el lector. Todas estas magníficas recreaciones nos dicen algo acerca de nuestra "humanidad" y de nuestros comunes, individuales y globales destinos. Es un viaje literario impredecible y memorable, que tiene como coda un bellísimo poema: "Christus Apolo", tal vez porque Bradbury apuesta por un mesías marciano, galáctico, aunque nacido en la Tierra.


jueves, 24 de diciembre de 2015

     Una familia compuesta por tres miembros se prepara para viajar al espacio. La madre y el padre ya han viajado antes; pero se trata del primer viaje del hijo. Se disponen a abandonar la Tierra un día como hoy, 24 de diciembre, pero del año 2052, el día antes de Navidad. Quieren pasar el día de Navidad juntos con un árbol de Navidad y velas; pero en la aduana les son requisados. Entran en el cohete y este despega hacia Marte cruzando la oscuridad espacial. El niño está ilusionado con la Navidad toda la noche y al final, cuando su reloj marca las 12 de la media noche, les pregunta a sus padres por el regalo de Navidad y el árbol con las velas y adornos. Estos se ponen de acuerdo y lo llevan hacia la puerta de entrada a una enorme cabina. El padre entonces marca el código y la puerta se abre, y entonces pasan. Delante de ellos hay un enorme ojo de buey, una ventana de un metro y medio de alta por dos metros de ancha. El ojo de buey mostraba la vasta inmensidad espacial. 
 -Feliz Navidad, hijo mío —dijo el padre.
    El niño miró fijamente la profundidad espacial, dirigiendo la mirada a las estrellas que se asemejaban a 10 billones de velas navideñas. Este era el regalo de Navidad, desde el espacio infinito. 
    Uno podría pensar que Ray Bradbury es una especie de Isaac Asimov, pero no nos engañemos, tras la lectura de relatos como este advertimos la vasta diferencia y distancia sideral entre estos dos grandes autores, pese a que en ocasiones ambos compartan un "mensaje" de ciencia ficción. Bradbury es un fabulador de la ciencia ficción y/o de la fantasía, mientras que Asimov es un escritor de ideas dentro de la ciencia ficción. 
     Este cuento aparece en la colección de relato corto R is For Rocket, de 1962. De esta colección podemos destacar esencialmente la poesía de las descripciones, así como la amplitud de temas y de estilos literarios que el creador maneja y dirige en sus figurativos retratos. Este cuento, "El regalo", es sin duda uno de los mejores "aguinaldos" que Ray Bradbury nos deja, a niños, jóvenes y mayores,  por Navidad. 



sábado, 21 de noviembre de 2015

LAS CRÓNICAS MARCIANAS: LA COLONIZACIÓN DE MARTE

     Desde «El verano del cohete» hasta «El picnic de un millón de años», estos relatos bradburianos sobre  la colonización de Marte son un sofisticado y armónico engranaje de pasados y futuros. El título, publicado en 1950, suele ser erróneamente incluido en el género de ciencia ficción, cuando en realidad nada tiene que ver con el género, pues nos encontramos con un clarísimo exponente de literatura fantástica, tal y como el propio Ray Bradbury declarase, hasta la saciedad, en numerosas entrevistas para desmarcar esta y otras obras suyas de su novela Fahrenheit 451: «La única novela que he escrito de ciencia ficción es Fahrenheit 451».       

   Prueba de esta pertenencia a la literatura fantástica es el hecho de que todos estos relatos  están bañados de una profunda nostalgia, de oscuros porches donde las tintineantes jarras de fresca limonada ponen el sabor, el aroma y hasta el sonido ambiental, de los viejos relojes de los abuelos, y de niños correteando por los verdes prados de un hermoso pasado en la Tierra. Echar de menos todas esas deleitosas vivencias del pasado representa un tremendo peligro para los humanos ya instalados en el Planeta Rojo; pero también para los marcianos de dorados ojos. En  el futuro 1999 -para nosotros ya un pasado- una expedición tras otra de humanos va abandonando la Tierra para adentrarse en Marte, planeta que empieza a ser colonizado con parecida voracidad a la del Nuevo Mundo tras el descubrimiento de América, aunque con un enfoque más próximo a la conquista del lejano oeste norteamericano, con los innumerables conflictos entre los nativos y los nuevos colonos. 
     Los marcianos saben preservar y mantener en secreto todos sus misterios y herencia, pero no saben ni pueden defenderse de las enfermedades humanas que, transportadas a Marte por nosotros en cohetes, acaban diezmándolos hasta casi la extinción. Los colonos aparecen con nuevas ideas, costumbres y, sobre todo, tratando de implantar desde el principio los grandes males de nuestra civilización: el consumismo desbocado, el capitalismo como religión global, y una guerra, de carácter global,  que ha dejado la Tierra al borde de la destrucción total. No nos extraña, por tanto, ver en Marte puestos de perritos calientes, como metáfora de nuestra concepción de la felicidad, y de erradicación de la civilización aborigen, es decir, de toda la cultura marciana, como ampliación de nuestra ciega visión de la realidad que nos rodea. 
     En la mayoría de estos relatos, Bradbury parece sostener un gigantesco espejo donde se refleja un vergonzoso tratamiento de «El otro», tanto del aniquilado nativo marciano, como del aislado terrestre, ambos reflejados en un espejo de desolación y aislamiento. Aunque, como suele ocurrir en la mayoría de relatos de Bradbury, en Las crónicas marcianas también concluye dejando cierto lugar para la esperanza, para una hipotética renovación de la especie humana, cuando una familia de colonos humanos escapa de la muerte de la Tierra en busca de un nuevo futuro en Marte, quizá con un mayor respeto por los escasos marcianos que allí puedan estar esperándoles. Las crónicas marcianas es, sin ningún género de duda, una dura sátira del espíritu colonizador e imperialista de nuestra raza, de nuestra especie. Bradbury no critica ningún modelo ni sistema político ni tampoco la conquista o colonización del «Nuevo Mundo» marciano, simplemente explora con sus relatos las entrañas y los entresijos de un ser, el nuestro, llamado «humano», pero que es, en cambio, capaz de actuar con «El otro» del modo más cruento, despiadado, egoísta e «inhumano».




martes, 29 de septiembre de 2015

EL VINO DE DIENTE DE LEÓN: EL MÁGICO VERANO DE UN PUEBLO VERDE DESTILADO EN 1928

     ¿Podrías sentir nostalgia de un lugar en el que nunca has vivido?, ¿de un tiempo pasado muy anterior a tu nacimiento? No he tenido la suerte de vivir en el Waukegan, estado de Illinois, del verano de 1928, donde un chaval de 12 años llamado Douglas Spaulding (Ray Douglas Bradbury, hijo  de Leonard Spaulding Bradbury) evoca el mundo mágico y fantástico de un pueblecito perdido en el  corazón mismo del Midwest americano. 
     La novela rememora una visión idílica de una América del pasado todavía alejada de nuestra era tecnológica y científica y tal vez deshumanizada. De ahí que Douglas Spaulding llame a su pueblo «Green Town» (la ciudad verde), donde la gente puede andar tranquilamente por las calles a cualquier hora del día y de la noche —a diferencia de lo que sucede en su cuento «The Pedestrian» ('el peatón') en Los Angeles de los cincuenta—, las esposas y esposos pueden y saben aparcar sus diferencias, el amor es cíclico y también eterno, y la vida es, sobre todo, mágica. Estamos en una América donde los desafíos de estar vivos no son infranqueables, como tampoco es tan aterrador el espectro de la muerte, que puede ser «derrocada» con sólo tumbarse y aceptarla como algo natural, como hacen los niños que le dan nombre y la hacen protagonista de sus juegos por los soportales y las praderas del pueblo. 
   
Ray Bradbury en su Waukegan natal, a los 5 años de edad
 Esta novela o sucesión de relatos bien coordinados es muy consciente de sus raíces americanas, de la América más profunda, y de ahí que sepa recurrir a todos sus tropos. Lo mágico se convierte en mítico, reflejado en ese profundo optimismo de la América del ayer. La novela es una especie de carta de amor del autor a los jóvenes  de todo el mundo y muy en especial a los de hoy día, dependientes de internet y de los videojuegos, justo antes del posible colapso del poder de la imaginación nacida del olor y el tacto del papel escrito,  de las fragancias y colores de la tierra virgen y de las primaveras y otoños de nuestros sueños. 
     He perdido la inocencia como para creer que estos lugares y tiempos mágicos todavía existen; pero al menos estoy convencido de que el arte y la literatura sí pueden crearlos y recrearlos per saecula saeculorum: «¿Queréis ver la verdadera Máquina de la Felicidad?, ¿la que se patentó hace más de dos mil años? Todavía funciona, bueno, no todo el tiempo; pero funciona, y lleva aquí desde siempre».
      

¿Y qué harías tú si tuvieras una Happiness Machine? Bueno, tal vez deberíamos darle la vuelta a la pregunta: ¿Sabrías utilizarla?

Nota Bene: Dandelion Wine fue publicada como novela en 1957. Sin embargo, los relatos que la forman ya habían ido apareciendo periódicamente en diferentes revistas entre 1951 y 1956.